Prácticamente hoy, con el distanciamiento que dan los años, podemos decir que aunque sobre el papel sea toda una declaración de intenciones, en la práctica ha tenido un efecto nulo. Desde el año 88 hasta nuestros días los mismos han seguido imponiendo su criterio y el resto ha sufrido las imposiciones. Mucha gente ha pasado miedo, han llorado a sus victimas, han clamado al cielo, han rescatado entre los escombros cuerpos sin vidas…
Son muchos momentos teñidos de negro, como si la tinta de aquel papel emborronase la memoria. No somos tontos ni creemos en banalidades. La realidad marca la historia, y al fin y al cabo el pacto del 12 de enero de 1988 ha quedado para eso, solo para el recuerdo de una gran idea mutilada un poco por todos.