viernes, 5 de febrero de 2010

Bien que por mal no venga

Era un paso esperado, positivo y necesario, pero me ha sentado como un jarro de agua fría sobre mi cabeza. El otro día, en la última consulta del cirujano me indicaron la fecha para la operación de mi tabique nasal y cornetes. La noticia positiva es que es pronto, muy pronto, la semana que viene. La noticia mala es que me parte en dos la mejor época del año.

El martes hago la prueba de la anestesia, el miércoles ingreso, el jueves me operan y entre una cosa y otra la doctora me ha comentado que la baja durará alrededor de un mes. Todo fantástico, ya tengo ganas de olvidarme de mis problemas respiratorios y vocales, pero no puedo obviar mi desilusión.

Por un lado, la final del Falla, una de las noches más mágicas de mi calendario vital tendré que verla recién operado y no podré disfrutar de las coplas con la misma intensidad que suelo. Y por otro, la doctora me ha desaconsejado sacar mi paso el miércoles santo. Alega que aún es pronto para realizar ejercicios físicos intensos y que puedo tener un derrame que complique la cicatrización de la nariz.

No sé que hacer, estoy en el límite, no puedo renunciar a mi fe, pero tampoco puedo renunciar a mi salud. Hace años que no veo a mi cristo desde fuera, y esta operación puede regalarme esos momentos, pero no me gusta que sean impuestos.

Espero poder participar en el pregón de Semana Santa de Puerto Real, no con todas las facultades que quisiera, pero con las mismas ganas e ilusión.

Si tardáis en verme ya sabéis que estoy recuperándome. Acepto regalos, mensajes y llamadas. Cuidaros.

viernes, 29 de enero de 2010

Escuchar

Hacía mucho tiempo que no escuchaba la radio. A veces la pongo, la oigo, la critico, la analizo, la comento… pero pocas veces la escucho.

Ayer, sin embargo, estuve escuchándola por la noche. Estaba solo en el salón, a oscuras en mi nuevo apartamento, sin nada ni nadie que me entretuviera, y me recordé de pequeño en mi habitación por la noche, casi escondido de mis padres porque al día siguiente había que ir al cole. Un walkman antiguo me servía de ventana a ese fascinante mundo de coplas. Siempre escondido bajo las sábanas para que nadie se percatara, excepto mi abuela, que siempre fue mi cómplice.

Lo que escuchaba me transportaba a un mundo de sueños, me ilusionaban los compases chirigoteros, las letras comprometidas de las comparsas, las falsetas de los tangos… era algo mágico, algo que con el paso de los años he ido acrecentando de forma premeditada.

Ayer, el niño que escuchaba a escondidas la radio cuando se iba a dormir volvió a renacer en mí. Uno de mis grupos favoritos estaba en escena y la voz del otro lado de la radio me anunciaba que comenzaba la presentación. Cerré los ojos y me dejé llevar por las notas que iban saliendo de la radio, por las silabas y las palabras que cantaban, por la intención de un autor. Con los ojos cerrados casi pude ver el tipo, o al menos lo imaginé, y pude estar en el Falla por unos momentos.

El poder de la radio es mágico y ayer volví a sentirlo. Me emocioné como aquel niño que protegido por su abuela escuchaba carnaval a oscuras, y me sentí de nuevo pequeño, sin preocupaciones durante aquellos momentos fascinantes.

Cuando terminó la actuación apague la radio y me metí en la cama, estaba solo pero sonreía, y no era para que lo viera nadie, era porque durante un instante había escuchado de nuevo la radio, aquella que me bautizó periodista, y que cuando quiere me envuelve en su mundo como si yo fuera un ser insignificante a su antojo.

Además, la comparsa de Quiñones fue sublime.

jueves, 28 de enero de 2010

Esperado

Los carnavales han comenzado y los ensayos de Semana Santa también. Ha llegado la época del año que más me gusta, que más disfruto y que más me emociona. Afortunadamente he terminado y entregado el guión del documental que tenía encargado y parece que voy a tener un pelín más de tiempo libre. A ver cuanto dura esta racha.

A pesar de todo mañana se celebra el cumpleaños de un amigo que este año no estará entre nosotros para soplar las velas. Será su primer cumpleaños sin él. Juan Andrés García ha sido una de esas personas que en poco tiempo me ha marcado mucho. Su manera de hacer radio y de entender esta profesión siempre me fascinó. A pesar de que todo empieza a despejarse y yo empiezo a disfrutar con mis casos y mis cosas, mañana echare de menos la risa de Juan Andrés, su voz y su talante.

Nunca me he sentido más frágil que el día que conocí la noticia de su desaparición. Fueron horas, días y semanas donde el pensamiento de que en cualquier momento podemos dejar de existir se repetía constantemente. Siempre recordaré aquella navidad en la que entre cubatas intentaba convencerme del futuro prometedor que se me presentaba.

David Gallardo reforzaba al maestro diciéndome: “Para triunfar en esto sólo te falta suerte, el resto lo tienes”. Y desde entonces dudo de si tengo el resto o si lo que he tenido es solo la suerte de conocer a gente tan inigualable como ellos.

A pesar de este sentimiento, el carnaval creo que es la única materia que puede reconducir mi estado anímico casi sin pedirme permiso. Feliz carnaval a todos!

sábado, 12 de diciembre de 2009

Desaparecido

Hace mucho tiempo que no actualizo el blog pero es que a mi vida parece que últimamente le han robado algunas horas. El tiempo, que siempre me gana el pulso, me está venciendo ahora por goleada. El trabajo aprieta en estas fechas, y las cuestiones familiares, los ensayos del coro, las actuaciones, los viajes y algunos proyectos profesionales hacen que hasta me plantee la clonación.

Últimamente no tengo tiempo de leer por devoción, ni tampoco de escribir; y eso que tengo varios encargos esperándome.

Mi voz va mejor, aunque aún esté en proceso de mejora y posible intervención, incluso he locutado ya un promocional. Y en mi mesa se encuentran un montón de documentos históricos y papeles esperando a que realice el guión completo de un documental, un trabajo dificil y complejo pero apasionante.

Este año a los Reyes no les he pedido que me traigan nada, sólo que no me quiten, que no se lleven nada ni a nadie que ya me toca compensar los últimos años. Espero poder actualizar el blog antes de 2010, pero si no es posible, cuidaros mucho hasta entonces.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Crucifijos

Este fin de semana entre bromas y amigos he debatido sobre un tema que no es baladí. En España los Crucifijos y las imágenes cristianas deben ser eliminadas de los espacios públicos y laicos como los colegios y los institutos por ejemplo.

Entiendo que los intereses, pensamientos y cuestiones religiosas y propagandísticas (aquellas que tienen contenido político o religioso según la Teoría de la Información) deben ser relegados a un espacio privado e individual, dónde nadie pueda verse afectado por ellas. Pero tampoco creo que el modo de cambiar la sociedad sea la imposición.

Algunos me planteaban que se trata de que la sociedad evolucione y se abra a los nuevos tiempos, pero yo creo que la evolución por el hecho de serla debe ser natural, ya que toda evolución impuesta a golpe judicial o a través de cualquier otro método formal no es evolución sino revolución.

Si la sociedad ha cambiado dentro de muy poco tiempo, por selección natural, las imágenes religiosas desaparecerán de los lugares públicos, pero ¿obligar a quitarlos no es caer en el mismo error que la Iglesia obligándolos en su tiempo a contemplarlos?.

Y pongo un ejemplo. En un cementerio público y municipal ¿deberemos eliminar los crucifijos de las lápidas? porque si atendemos a la norma así debe ser. Algunos podrán alegar que ellos no comulgan con esa religión y que ese es un lugar público. ¿No podré enterrarme bajo mi cristo si yo quisiera?

Conste que el espíritu de la norma no me parece mal, pero no es menos cierto que la forma de proceder del Gobierno no creo que sea la oportuna. Yo considero que lo que deberían de hacer es preservar el cumplimiento de la Constitución, cuyo artículo 16 ofrece pautas inequívocas: carácter aconfesional del Estado y cooperación positiva con las diversas confesiones, con especial mención a la Iglesia católica, plenamente justificada por su arraigo histórico, social y cultural.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Tiempo

Hay días en los que al abrir los ojos te das cuenta de la fugacidad de la vida. Es un solo momento, un instante detenido, el soplo de oxigeno que se escapa de tus pulmones, pero existe. Aunque no queramos verlo, aunque hagamos planes de futuro, aunque nos empeñemos en jugar al escondite con la única que siempre gana. La muerte es la más digna ganadora de los pulsos vitales.

Siempre he sido un apasionado del tiempo. Me parece asombroso ese concepto. Siempre lo repito, pero cuando más lo digo más seguro estoy de ello. El tiempo es el único elemento que nunca podrá controlar el hombre. Por mucho que queramos correr nunca podremos atrapar el tiempo. Inexorablemente el tic tac va marcando nuestro final. Desde que nacemos estamos condenamos al tiempo y a su antojo intentamos durante toda nuestra vida jugar al esconder. Pero él siempre gana.

El día que el hombre pare el tiempo será una proeza digna de película de ficción. Es imposible, mientras respiramos, peleamos, disfrutamos y sentimos el tiempo va acotándonos la vida y si de algo estoy seguro es que por mucho que corramos al final siempre nos gana la carrera.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Harto

No entiendo por qué en mi propia calle tengo que pagar para aparcar. Odio que una empresa adjudicataria se crea en el derecho de pintar de azul los aparcamientos de libre disposición que tiene una ciudad.

El suelo, las calles, no les corresponden a los Ayuntamientos. No son éstos los que pueden vender su explotación a cambio de jugosas cantidades económicas, no. El suelo, las calles, son patrimonio de los vecinos, de los viandantes, de los que cada día pasean por ellas, y de los que poco a poco ven como les roban lo que hasta hace poco era lo poco que les quedaba.

Las calles ya ni si quiera son nuestras. Es una pena y a mi me rechina. Yo reivindico las calles antiguas dónde se jugaba, se corria, se pintaba, se descansaba, se paseaba... en una palabra se disfrutaba. Eran otros tiempos, que por supuesto y por nuestro bien, no volverán. Yo no reivindico la recuperación del pasado pero sí la perdida de su espíritu.

Vivo en una ciudad que cada día tiene menos de Andalucía y más de globalización y capitalismo. Apoyo el avance, pero siempre sabiendo hacia donde avanzamos. Además, ¿para qué estoy pagando entonces mi impuesto de circulación?, ¿no se trata de un impuesto que me justifican como un canon por utilizar la via pública?, ¿no es lo mismo que me quieren cobrar en esas maquinitas dehumanizadas?.

Odio ver de azul mis calles y tener que aparcar en el quinto pino para regresar andando. Lo tengo claro, yo no les pago a quienes me quitan mi calle. Que les pagen otros.