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jueves, 7 de marzo de 2013

Terremoto

Tuve la oportunidad de entrevistarlo y oirlo cantar a pocos metros de mi. De forma improvisada, sin guión, sin arreglos, con el único acompañamiento del sonido que producia el choque de sus palmas. Fernando Terremoto, una voz única. Por momentos así el flamenco me tiene atrapado desde hace años. Fernando se nos fue y la vida nos privó de seguir la evolución de uno de los grandes de Jerez, descendiente de una estirpe de cantaores rancios y puros. El eco de su voz es indescriptible. Cuando termino de ver este vídeo me repito siempre lo mismo, ¿cómo puede haber gente a la que no le guste el flamenco?


jueves, 27 de septiembre de 2012

Distancias vitales

La lluvia resbala tranquila por los cristales. Es como un llanto de olor a tierra húmeda que te transporta a otros mundos deseados. Cierro los ojos y recuerdo nuestro último encuentro, ese beso robado que tantos días llevo saboreando con el desconcierto que generan las cosas lejanas. Ojalá estuvieses cerca, ojalá hubiese podido estrecharte entre los brazos en estas últimas horas de agonía y malas noticias.
 
Son lazos, sentimientos, atracciones sin necesidad de explicación. Sigo necesitando vivir con esos recuerdos por culpa de la distancia. Un veneno que separa y une a partes iguales. Te necesito y siempre te espero. Estamos juntos en esto y en todo lo que desees porque yo deseo estar contigo.
 
Descuento las horas que quedan para poder desahogar mi vida en tu pecho, entre tus brazos. A todo esto me recuerda la lluvia nocturna y otoñal que resbala por los cristales.
 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Tratamiento

El placer de escuchar carnaval de madrugada. Saber que cada nota desgarra el aire tranquilo de la noche. Saborearlo como el sorbo de cualquier botella polvorienta. Descubrir matices que jamás percibí. Revalorar mi pasión. Recordar aquellos tiempos de cintas, de grabaciones, de ensayos, de radio y de abuelos que guiaban sin saberlo mis pasos hacia un deseo siempre esperado. Indescriptible pero tan cierto como mi vida. No sabría vivir sin escuchar carnaval, y mucho menos en días como hoy en los que la tristeza y el desanimo se apoderan de mis horas.
 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

El valor del cariño

Me ha encantado y por eso se lo pido prestado a mis amigos de Café Blissett.
 
Antes de fútbol, es pelota, antes de ser atletismo, es echar una carrera, y antes de ser ciclismo, es montar en bici.
 
Jugar es algo innato en nosotros, pero el deporte es un descubrimiento que alguien tiene que ayudarnos a hacer obligatoriamente.
 
No podemos descubrir por nosotros mismos, de chicos, toda la majestuosidad que encierra una pelota más allá de observar su inexplicable comportamiento y fantasear con, algún día, golpearla muy fuerte.
 
Debe haber alguien que nos explique toda la filosofía de ese juego, sin prisas, de una forma paciente y cariñosa. Alguien que nos anime, que nos lleve y nos traiga, que nos haga tocar la hierba por primera vez y nos compre lo necesario, y lo totalmente innecesario, que nos dé consejos y nos haga sentir su apoyo incondicional.
 
Muchos recordamos con nostalgia nuestra primera pelota. Aquellos campos con un par de camisetas fingiendo ser postes y la altura de uno como único larguero. Las pachangas con los amigos. El primer gol. Pedirse ser tal o cual jugador. Soñar con jugadas imposibles…
 
Después nos hacemos mayores y descartamos nuestra bici carcomida por el óxido y dejamos deshincharse nuestro balón debajo de la cama. Dejamos de jugar y buscamos la felicidad en otras cosas y otras personas.
 
Olvidamos que un día alguien se esforzó por hacernos realmente felices…
 
Gracias, abuelos.

Escena: “Bienvenidos a Belleville” de Sylvain Chomet (2003).

jueves, 17 de noviembre de 2011

Recuerdos en tinta azul

Hoy, buscando en el altillo del armario un jersey, he encontrado una antigua caja llena de recuerdos. En ella se acumula material de oficina que lleva ya 12 años reservando la visita imprevista que esta tarde ha tenido lugar. Cada día que ha pasado en estos años el interés de su recuerdo ha ido aumentando.


Entre todo el material se encontraba un bolígrafo Bic cansado hasta el agotamiento de su sangre de color azul. Con él realicé mi primer examen en la facultad y en parte, gracias a su baile con el papel, siempre midiendo el tempo entre mis dedos, a él le debo aquella primera nota de mi expediente universitario.


Tuve suerte, siempre que se entienda ésta como el reflejo de mi esfuerzo. Creo recordar que fue un 8 y con él se dinamitó todo el miedo o nerviosismo que hasta entonces albergaba mi escasa conciencia adulta.


Hoy ese boli me ha retrotraído a mi juventud, a aquel cuarto viejo de residencia. A aquellas comidas insufribles. A aquellas noches de estudios forzados con la luna asomándose al dintel de la clínica Sagrado Corazón tras mi ventana.


En aquellos días ese boli fue testigo de muchos momentos que sin quererlo estaban marcando mi vida. Hoy soy periodista, entonces solo era un muchacho interesado en serlo. Hoy soy adulto, entonces solo era un chaval con ganas de descubrir. Hoy tengo la inmensa suerte de conocer a una familia de amigos a la que quiero y a la que no necesito pedirles reciprocidad porque con lo primero ya soy feliz.


Con ese boli un chaval recién conocido escribió de broma y con tintes de verdad en mi inmaculada carpeta: “a Jose Juan, el primer gaditano que me cae bien”. Aquel boli fue testigo de muchas cosas y aunque su vida líquida se agotara, reservé su féretro para que siempre pudiera recordarme que un día tuve miedos académicos que superé. Que un día llegué solo y siendo un niño a una gran ciudad, y que gracias a los momentos que con él compartí salí de ella siendo un hombre repleto de amistades.

Algún día escribiré sobre aquel chaval de pelo amarillo que plasmó su dedicatoria en mi carpeta. Ha sido el único que ha pintado algo en una carpeta mía y esas cosas marcan. Hoy pinta mucho en mi vida.



martes, 7 de junio de 2011

¿Qué es el Rocío?

El Rocío es un año de espera. El Rocío es una mano que te ayuda a caminar sin preguntarte tú nombre. El Rocío es la ilusión de una puesta de sol entre pinares. Es la alegría de una sevillana. Es recorrer muchos kilómetros pero siempre paso a paso. Es sentir en primera persona el relente de la noche y el rocío de la mañana. Es saber que al final te espera nuevamente la imagen que siempre recuerdas pero que siempre quieres volver a ver. El Rocío es cantar sin voz, cantar con el alma. El Rocío es dormir al raso junto a un caballo, dar de beber a un mulo o animar el paso lento de los bueyes. Es contemplar con una copa de vino en la mano la maravilla de naturaleza que envuelve el recorrido. Es oír el trino de los pájaros.

El Rocío es todo eso y mucho más. Y yo lo sé porque me lo cuentan mis padres. Porque veo lágrimas en la mirada de alguno de mis amigos. Porque disfruto escuchando las batallitas del camino durante todo el verano.

El Rocío es todo eso y mucho más. Imagino que provocará los mismos nervios que yo siento en cuaresma. Imagino que será lo mismo que yo siento cuando llevo a mi Cristo de la Vera-Cruz en mis hombros.

Hoy comienza Puerto Real a hacer el camino. Ese que tanto tiempo lleva preparando y que sin embargo pasará rápido. Feliz singladura. Suerte y ánimo.

Siempre he pensado que las cosas que no pueden explicarse son las verdaderamente importantes del mundo, porque no son racionales, son identitarias y sin ellas no seríamos lo que somos.


Pd. Una vez hice el camino con la tercera hermandad filial del Rocío, La Palma del Condado. Fue inolvidable.

El primer camino de mis padres.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Harto

No entiendo por qué en mi propia calle tengo que pagar para aparcar. Odio que una empresa adjudicataria se crea en el derecho de pintar de azul los aparcamientos de libre disposición que tiene una ciudad.

El suelo, las calles, no les corresponden a los Ayuntamientos. No son éstos los que pueden vender su explotación a cambio de jugosas cantidades económicas, no. El suelo, las calles, son patrimonio de los vecinos, de los viandantes, de los que cada día pasean por ellas, y de los que poco a poco ven como les roban lo que hasta hace poco era lo poco que les quedaba.

Las calles ya ni si quiera son nuestras. Es una pena y a mi me rechina. Yo reivindico las calles antiguas dónde se jugaba, se corria, se pintaba, se descansaba, se paseaba... en una palabra se disfrutaba. Eran otros tiempos, que por supuesto y por nuestro bien, no volverán. Yo no reivindico la recuperación del pasado pero sí la perdida de su espíritu.

Vivo en una ciudad que cada día tiene menos de Andalucía y más de globalización y capitalismo. Apoyo el avance, pero siempre sabiendo hacia donde avanzamos. Además, ¿para qué estoy pagando entonces mi impuesto de circulación?, ¿no se trata de un impuesto que me justifican como un canon por utilizar la via pública?, ¿no es lo mismo que me quieren cobrar en esas maquinitas dehumanizadas?.

Odio ver de azul mis calles y tener que aparcar en el quinto pino para regresar andando. Lo tengo claro, yo no les pago a quienes me quitan mi calle. Que les pagen otros.

lunes, 4 de mayo de 2009

Recuerdos

Ya ha terminado la Feria de Sevilla y yo la he disfrutado al máximo. No ha habido día libre en mi calendario festivo, no ha habido momento en el que no me sintiera rodeado de gente a la que quería. Pero sin embargo el jueves al cruzar la portada me dió un ataque de emoción. No sé por qué pero se me vino a la mente algo que creía tener olvidado. Me recordé con cuatro o cinco años, quizás seis, de la mano de mi abuela y junto a mi hermano.

Mi abuela solía hacer eso. A pesar de tener casi 80 años ese sábado nos levantaba temprano (a mi hermano y a mí), cogía con nosotros dos el tren desde Cádiz dirección Sevilla y de allí a la Feria. He recordado perfectamente cómo iba de su mano recorriendo las calles del Real, y cómo nos montaba en algunos de los cacharritos de la Feria.

Luego nos sentaba en cualquier escalón de camino a la estación y nos daba un bocadillo que ella mismo había preparado muy temprano. A mi me sabía a gloria. Nunca olvidaré esa Feria y el amor que ella le tenía a las costumbres de esta ciudad. Cuando llegábamos a casa, cansados de todo el día, ella me preparaba el baño y me acurrucaba en la cama.

Me lo he pasado en grande junto a mis amigos en la Feria pero en ese momento, el jueves mientras pasaba por la portada, lo hubiese cambiado todo por volver a ir de la mano de mi abuela, aunque ni si quiera existiera la Feria.