sábado, 7 de noviembre de 2009

Tiempo

Hay días en los que al abrir los ojos te das cuenta de la fugacidad de la vida. Es un solo momento, un instante detenido, el soplo de oxigeno que se escapa de tus pulmones, pero existe. Aunque no queramos verlo, aunque hagamos planes de futuro, aunque nos empeñemos en jugar al escondite con la única que siempre gana. La muerte es la más digna ganadora de los pulsos vitales.

Siempre he sido un apasionado del tiempo. Me parece asombroso ese concepto. Siempre lo repito, pero cuando más lo digo más seguro estoy de ello. El tiempo es el único elemento que nunca podrá controlar el hombre. Por mucho que queramos correr nunca podremos atrapar el tiempo. Inexorablemente el tic tac va marcando nuestro final. Desde que nacemos estamos condenamos al tiempo y a su antojo intentamos durante toda nuestra vida jugar al esconder. Pero él siempre gana.

El día que el hombre pare el tiempo será una proeza digna de película de ficción. Es imposible, mientras respiramos, peleamos, disfrutamos y sentimos el tiempo va acotándonos la vida y si de algo estoy seguro es que por mucho que corramos al final siempre nos gana la carrera.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Harto

No entiendo por qué en mi propia calle tengo que pagar para aparcar. Odio que una empresa adjudicataria se crea en el derecho de pintar de azul los aparcamientos de libre disposición que tiene una ciudad.

El suelo, las calles, no les corresponden a los Ayuntamientos. No son éstos los que pueden vender su explotación a cambio de jugosas cantidades económicas, no. El suelo, las calles, son patrimonio de los vecinos, de los viandantes, de los que cada día pasean por ellas, y de los que poco a poco ven como les roban lo que hasta hace poco era lo poco que les quedaba.

Las calles ya ni si quiera son nuestras. Es una pena y a mi me rechina. Yo reivindico las calles antiguas dónde se jugaba, se corria, se pintaba, se descansaba, se paseaba... en una palabra se disfrutaba. Eran otros tiempos, que por supuesto y por nuestro bien, no volverán. Yo no reivindico la recuperación del pasado pero sí la perdida de su espíritu.

Vivo en una ciudad que cada día tiene menos de Andalucía y más de globalización y capitalismo. Apoyo el avance, pero siempre sabiendo hacia donde avanzamos. Además, ¿para qué estoy pagando entonces mi impuesto de circulación?, ¿no se trata de un impuesto que me justifican como un canon por utilizar la via pública?, ¿no es lo mismo que me quieren cobrar en esas maquinitas dehumanizadas?.

Odio ver de azul mis calles y tener que aparcar en el quinto pino para regresar andando. Lo tengo claro, yo no les pago a quienes me quitan mi calle. Que les pagen otros.

martes, 3 de noviembre de 2009

Ayala

"Soy un cómico que lleva años esperando a que se baje el telón, pero no termina de bajarse". Con estas palabras, pronunciadas en 2007, Francisco Ayala se refería a su longevidad, que se había convertido, por derecho propio, en todo un capítulo de la historia de la literatura española del siglo XX. Ese metafórico telón del que hablaba el escritor granadino, ha bajado esta misma mañana en Madrid pasadas las 12.

Con Ayala no solo se baja el telón, sino que se acaba la función del 27, de aquellos poetas que soportaron la persecución, el exterminio y el exhilio simplemente por ser valientes y escribir sobre un folio aquello que sentían y aquello a lo que nunca iban a renunciar, la libertad de expresión.

Hoy, con la perspectiva que dan los años, da rabia perder el último cachito de historia viva poética de aquel gran grupo. Entre guerras y compromiso ha transcurrido la vida de Ayala, un granadino de Argentina, Puerto Rico y Estados Unidos que llegó a decir con su innata timidez que estaba cansado de escuchar su nombre.

El Jardín de las Delicias, una obra suya escrita en 1971, foma parte de mi estantería. "Ya el libro está compuesto -dice Ayala en su última hoja- He reunido piezas diversas de ayer mismo y de hace quién sabe cuántos años; las he combinado como los trozos de un espejo roto, y ahora debo contemplarlas en conjunto. Sí; cuando me asomo a ellas, pese a su diversidad me echan en cara una imagen única donde no puedo dejar de reconocerme: es la mía". Y luego se reprocha: "¿Para qué escribo? ... El sarcasmo, la pena negra, la loca esperanza, el amor, la felicidad, otra vez el sarcasmo… ¿no basta con haberlo sufrido? ¿Era sensato preservarlo en un arca de palabras? ¿No es perverso el intento de querer oponerse a la fugacidad de la vida?"

miércoles, 21 de octubre de 2009

A la vejez

Mañana me volverán a enseñar a hablar. Y no es que Dori, Cipri, Isabel y Sebastián no lo hicieran en su día. Ellos lo hicieron de maravilla, ayudados de un libro magnifico como el Micho, entre juegos, lápices de colores y alguna que otra travesura.

Hoy he visitado de nuevo al otorrinolaringologo y me ha dicho que tras mi tratamiento (a base de corticoides y de un dificil ayuno de sociabilidad a base de silencios y gestos) mi cuerda vocal izquierda se ha restablecido, aunque eso sí, el pequeño nódulo sigue ahí y eso está provocando un pólipo en la otra cuerda. De momento no hay que operar, pero sí correguir y por ello mañana empiezo mis sesiones de logopedia.

En resumen Nieves, mi nueva maestra, tiene que ayudarme a subir un poco el tono de mi voz para que mis cuerdas vocales no sufran. Estoy nervioso, de pequeño no era conciente de lo que hacía y aprendía más por espejismo social que por voluntad propia, pero ahora todo es diferente. Tengo que aprender a hablar de nuevo y por supuesto tengo que mejorar mi proyección de la voz de cara a mi trabajo. Espero ser buen alumno.

jueves, 15 de octubre de 2009

Sueños

El mundo se detiene y durante un instante todas las personas ven imágenes de su futuro. Este es en esencia el guión de una serie americana que está haciendo furor también en España. En la serie hay personajes que dicen que no han visto nada y eso me ha hecho pensar, pues salvando las distancias, yo nunca sueño. O mejor dicho, no recuerdo lo que sueño (porque según los expertos siempre soñamos aunque no lo recordemos).

Hay veces que me gustaría recordar mis sueños, pero hay otras que pienso que mejor no conocer otra realidad que la realmente vivida. ¿Será que moriré dentro de poco como los protagonistas de la serie que no recuerdan nada? o ¿será que vivo tan intensamente que no necesito soñar?.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Rutina

El día ha acabado aunque todos sepamos que el tiempo no para. Yo doy por concluido este martes y 13 que ha tenido poca historia práctica pero que me ha hecho pensar.

Ha sido de esos días en los que uno parece abstraerse y ve el mundo que le rodea con cierto distanciamiento y apreciando las pequeñas cosas que el día a día hace que parezcan rutinarias.

Me levanté temprano, fui a la redacción, de allí salimos a grabar un reportaje, luego volvimos, ya eran las tres y bajé a comer de nuevo en el mismo bar que está frente al trabajo. Luego subí y minuté, pensé y guionicé el texto, y cuando todo estaba acabado volví a casa tarde. Ya había anochecido, el cielo estaba oscuro, pero yo venía contento. Mi coche está bizco, solo tiene una de las luces delanteras, pero eso se arregla e imagino que será barato ¿no?...

Mañana volveré al mismo sitio para editar el vídeo y no será martes, ni será día 13, simplemente nos quedará un día menos de vida, o quizás hayamos vivido un día más. Si mañana me animo os lo cuento.

jueves, 8 de octubre de 2009

Sin palabras

Estar callado es diferente. Llevo 5 días experimentando esta sensación nueva y emocionalmente dura. Soy periodista y necesito comunicar. Ver el mundo sin poder participar en él me ha hecho reflexionar hasta qué punto son necesarias las palabras.

A veces he intentado romper el silenio con una palabra, una simple palabra, pero todo quedaba en un deseo volatil. Mi conciencia ha trabajado esta semana más rápida que de costumbre y mis pensamientos fluían a una velocidad que casi ni yo podía soportar.

Desde pequeño tuve claro que quería ser periodista, y que quería ganarme la vida haciendo lo que hacían esos hombres que me hablaban al otro lado de la vieja radio que solía escuchar. Sus voces eran el nexo que condicionaba mi futuro. Hoy, pasados los años me encuentro mal, sin rumbo fijo, haciéndome preguntas que nunca imaginé que me llegaría a hacer: ¿se me curará la voz?, ¿por qué la tengo siempre ronca?, ¿me tendré que operar?, ¿me cambiará el timbre?...

Dicen que lo verdaderamente especial de las personas es su mirada y aquello que demuestran de forma inconsciente. Pero os puedo asegurar que las palabras son más importantes. A través de ellas podemos construir un nuevo universo, no hay nada que se les resista y yo espero dentro de poco poder pronunciarlas muy fuertes, sin temor a que mi voz falle...

He disfrutado la suerte de poder hablar con normalidad durante muchos años, cosa que hasta ahora nunca había valorado como se merece, y si Dios quiere aún me quedan muchos años más.