miércoles, 19 de junio de 2013
El adios de un grande
lunes, 20 de diciembre de 2010
Coro de navidad
martes, 27 de abril de 2010
Pura radio
Tuve la suerte al tiempo de saber qué cuerpo era el portador de aquella voz que por arte de magia me ilusionaba desde niño. Lo vi presentando en el Gran Teatro Falla y luego lo vi en varios almuerzos de
Aquella voz pertenecía a un gran hombre, aunque pequeño de cuerpo. Uno de los maestros radiofónicos de Cádiz, el gran Pepe Benítez. Hace algunos días que Pepe ya no está entre nosotros. Sus últimos tiempos los ha tenido que padecer luchando contra una enfermedad, que a pesar de su trasplante no le ha dado mucho margen. Todos lo que lo trataron destacan su amabilidad y su afecto. Yo no tuve lo suerte de conocerlo en la distancia corta, pero sí en
Voces como la suya forman parte de mí porque fueron las que me empujaron a ser lo que soy. Nunca olvidaré aquella frase que me escribió cuando yo impaciente y nervioso le pedí un autógrafo: “la radio es una fábrica maravillosa de fantasías. Suerte”. Cuánta razón tenía y tiene, aunque en estos tiempos el romanticismo de nuestra profesión pierde pesos por momentos. ¡Descansa en paz maestro!.
martes, 3 de noviembre de 2009
Ayala
Hoy, con la perspectiva que dan los años, da rabia perder el último cachito de historia viva poética de aquel gran grupo. Entre guerras y compromiso ha transcurrido la vida de Ayala, un granadino de Argentina, Puerto Rico y Estados Unidos que llegó a decir con su innata timidez que estaba cansado de escuchar su nombre.
El Jardín de las Delicias, una obra suya escrita en 1971, foma parte de mi estantería. "Ya el libro está compuesto -dice Ayala en su última hoja- He reunido piezas diversas de ayer mismo y de hace quién sabe cuántos años; las he combinado como los trozos de un espejo roto, y ahora debo contemplarlas en conjunto. Sí; cuando me asomo a ellas, pese a su diversidad me echan en cara una imagen única donde no puedo dejar de reconocerme: es la mía". Y luego se reprocha: "¿Para qué escribo? ... El sarcasmo, la pena negra, la loca esperanza, el amor, la felicidad, otra vez el sarcasmo… ¿no basta con haberlo sufrido? ¿Era sensato preservarlo en un arca de palabras? ¿No es perverso el intento de querer oponerse a la fugacidad de la vida?"
miércoles, 8 de julio de 2009
Aniversario con bigote
Tal día como hoy, con la dictadura tapando aún las conciencias, nació un Almeriense en Cuevas de Almanzora. Sus padres le pusieron por nombre Carlos y cuentan que desde chico tuvo una forma sorprendete de comunicarse. Había nacido para comunicar, para hablar, para contar historias, para ser periodista.jueves, 18 de septiembre de 2008
Maestro Ruibal
Se lo merece por ser gaditano, por tener arte casi sin quererlo y por ser una voz que rema a contramarea, una pluma de aire fresco en un panorama musical machacado, por aguantar la poesía en tiempos de crisis, por despertar conciencias cuando otros las adormitan, por ser un trovador errante en tiempos de penuria y por asegurarnos que una voz y una guitarra pueden ganar el pulso a millones de músicos enlatados y arreglos banales.
domingo, 31 de agosto de 2008
Los artistas nunca mueren
En tiempos donde perder está premiado, donde el dolor le gana el pulso a lo estético, donde prima la enfermería al arte, donde morir se vende barato y donde se endiosa a quien busca a toda costa precisamente eso, Curro nunca encajaría.
“Gris la tarde y nazareno su terno. Los clarines anunciaron la salida del cuarto, de nombre "Agareno", un toro bonito de hechuras, bajo, de los que suele embestir. Salió Antonio Cobos y el toro fue largo. Curro Romero, el del terno nazareno en la tarde gris, salió a recibir al toro junto a la barrera del tendido cinco. Primero fueron dos verónicas por el pitón izquierdo, luego otra imposible de contar por el derecho y como remate media para fundirla como ejemplo del toreo de capa en su más grandiosa expresión. ¡Que nadie toque al toro!, dijo Romero. Y con el capotito recogido, la figura llena de orgullo torero, fue hacia el toro y otra vez surgió el milagro de unas verónicas de ensueño. Hasta un quite, de nuevo con lances para el recuerdo, ofreció el torero de Camas. Allí acabó la corrida. Por el paseo Colón, Sevilla fue, soñando verónicas...."
jueves, 14 de agosto de 2008
17 años de "locura" por la radio con un futuro incierto
El proyecto del gobierno de Mauricio Macri, el alcalde conservador de Buenos Aires, para cerrar el hospital José Tiburcio Borda, en el barrio de Barracas, y crear un complejo de edificios administrativos (que sin duda encarecerá el valor de los terrenos) tiene alterados a los "colifatos", "locos, lunáticos" en lunfardo, el dialecto porteño.
Pero la incertidumbre sobre el futuro no es motivo suficiente para que los "colifatos", en su mayoría internos del Borda, dejen de festejar el cumpleaños de La Colifata, una experiencia nacida en agosto de 1991 de la mano del psicólogo Alfredo Olivera, convencido de que la radio es una estupenda terapia para los enfermos mentales.
Su ejemplo ha cundido y son ya 50 las emisoras "colifatas" salpicadas por el mundo y unas 40 las que emiten microespacios de La Colifata en América Latina, Canadá y España. Bajo el lema "Rompiendo muros", la radio transmite en directo en su propia frecuencia desde el patio del hospital, donde los enfermos se alternan en el micrófono, hablan de las condiciones paupérrimas del hospital, de los temas que les preocupan, recitan, cantan y bailan al ritmo de música clásica, pop, baladas, canciones populares... todo tiene cabida en esta cadena de "locos".
El objetivo, según Olivera, es "crear un espacio de dignidad para un colectivo de personas que sistemáticamente ha sido acallado". Para el director de La Colifata, los planes de Macri persiguen "en realidad sacar a los que siempre molestan, que son los locos, porque nos hemos dado cuenta de que en este lugar, a diez minutos del microcentro, se puede hacer un emprendimiento ligado a un negocio inmobiliario sumamente importante".
"Si el gobierno quiere hacer algo acá se va a confundir. No permitamos que lo haga", proclama un "colifato" en antena. Mientras sus compañeros critican los planes del gobierno porteño, "Pajarito" disfruta de la fiesta organizada por el 17 aniversario de la emisora. "Libre, como el sol cuando amanece yo soy libre...", grita al son del popular tema de Nino Bravo al tiempo que corretea por el patio del Borda con los brazos extendidos, como si volara. "Quiero ser productor de televisión, me parezco a un conductor de un programa y puedo hacer reportes en rima: la miro a los ojos y me encantan sus labios rojos", y vuelve a bailar Sergio Ariel del Yeso, "Pajarito", al ritmo de Manu Chao, viejo amigo de los "colifatos".
Hugo Norberto López, de 74 años, no baila. Es una de las "estrellas" de la radio y prefiere los poemas de Neruda para cubrir su espacio en La Colifata. Hugo estuvo internado porque, dice, "enloqueció por la pobreza", y ahora asiste a terapia familiar como externo y confiesa que su "delirio" no es otro que "estar acá, en La Colifata", donde participa desde hace ocho años. La radio "me sirvió para salir del laberinto, del oscurecimiento en el que uno está metido cuando le agarra una enfermedad mental", recuerda. La locura, explica, "es perder el equilibro para moverse dentro de una sociedad llamada cuerda, que nada tiene de cuerda, uno pierde el equilibrio y no se puede defender ya". "Todos somos colifatos en el momento en que atravesamos las barreras. La Colifata convenció al mundo de que el loco no es peligroso, no miente, es sabio", asegura.
También para Fernando Ferreri, ex interno del Borda, la emisora fue un instrumento para tumbar barreras y una "manera de conectarse al mundo". "Uno puede estar de alta, pero para la sociedad nunca dejas de estar loco", se lamenta Fernando, que reconoce que una frontera invisible impide a cientos de internos cruzar el patio para participar en la radio, aunque "muchos la escuchan dentro".
El padre de Leonardo lleva siete años en el hospital y no ha logrado cruzar esa barrera invisible y sumarse al proyecto "colifato". A Leonardo, el "Polaquito", que con 21 años es uno de los internos más jóvenes, el Borda le ha permitido retomar sus lazos familiares y dejar la vida en la calle. "Me gusta la gente, el trato, me encanta hacer radio, tocar la guitarra, el piano...", apunta, y siente que La Colifata es "terapéutica, te ayuda en el sentido emocional", aunque ahora se ilusiona pensando en salir del hospital. "¿Cómo se ve el mundo desde afuera?", le preguntan al "colifato" Luisito. "Está bien, bárbaro", responde.