miércoles, 9 de enero de 2013

100 años de protección

Una nueva propuesta, un nuevo encargo, una nueva responsabilidad. Grande, muy grande, regalos que la vida y mis paisanos me realizan por el simple mérito de tener el carné de manipulador de las palabras.

Darle nombre a los sentimientos de mis vecinos, expresar lo que cada uno siente al mirarla. Una difícil tarea en la que de nuevo suspenderé como novel aspirante de su belleza, pero que siempre, gracias a la generosidad de los que me escuchan, logrará mi felicidad completa.
De nuevo me reservan un aniversario, como si ya de por sí fuese sencillo hacerlo en cualquier momento. Sé que no soy merecedor de tan altos cometidos, pero entiendo que no puedo dejar de intentarlo, como vengo haciendo desde que tomé la palabra en el primero de mis atriles.
La voz puede quebrarse, las palabras pueden agotarse y hasta los conceptos repetirse, pero el sentimiento es una cascada de sensaciones que jamás puede contenerme la ilusión de hablarle de nuevo.
Tendré poco tiempo para escribirlo, viene en un momento difícil, pero ¿quien puede negar un regalo de esta magnitud?. Espero volver a recibir felicitaciones, no por mí, sino por todo mi pueblo y la grandeza de nuestra patrona. Nuevamente tengo que daros las gracias, pregonaré a nuestra Virgen de Lourdes en su aniversario. Daros por invitados.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Bienvenido

 
Ha llegado justo cuando suele hacerlo siempre, y sin embargo ha sorprendido justo como siempre suele hacerlo. No ha sido necesario que nadie mencionara su nombre y el mío de forma continua y justo a la inversa, ni que estampáramos un beso en cada mejilla, como suele ser habitual en estos rincones.
 
No ha sido necesario nada de eso para recibir al viejo conocido. Lo demandaban los jerseys, las estufas, las castañas y las botas. Lo demandaban los cafés, el anís y los polvorones. Lo demandaba una vida que es vida porque la conocemos y no por mucho más.
Resoplos de vaho mañaneros son sus símbolos de presencia, olor a humedad en las calles recién levantadas, pálidos nudillos y ganas de pedir té caliente por dos motivos, las manos primero.
Ha llegado cuando siempre lo hace anunciando que otro año más se nos va mientras tratamos de sobrevivir. Ha llegado para decirnos que por mal que vayan las cosas al final todo es igual, todo es cíclico y no hay verano que 100 años dure ni mal que no termine.
Llegó el que tersa la piel, el que escalofría el cuerpo, el que nos hace añorar la sencillez de una manta y cinco minutos más de sueño.
A 49 días de que el año caduque ha llegado el frío.
 

miércoles, 3 de octubre de 2012

cineandcine


¿Y si la vida fuera cine?... ¿y si pudiésemos controlar el tempo y el pulso de cada una de nuestras historias?.
 
Yo creo que tener esa capacidad sería como robarle a la vida su encanto, porque al hombre le apasiona el cine cuando no sabe cómo terminará la historia. Es entonces y solo entonces cuando vive esa magnífica experiencia como si fuese la propia vida.
El cine podríamos por tanto definirlo como una maravillosa forma de construir vida. Y ahí no queda todo. Si encima hay quien se entrega a escudriñar ese deseo en la búsqueda de la magia, entonces y solo entonces la magia completa comienza a dejar ver los hilos que la sustentan.
En Andalucía entendemos de magia, porque la tenemos, y entendemos de vida, porque somos vividores apasionados del mundo de las historias. Aquí, en el sur, cualquier imagen consigue evocar, cualquier música consigue elevarnos y la conjunción de ambas hace que la vida sea más vida porque vivimos el doble, lo nuestro y lo de ese otro personaje en quien nos identificamos y con el que sentimos los avatares de ese mágico momento en el que nos entregamos al arte de la imagen en movimiento.
Hay que saber vivir para poder contarlo, y hay que tener duende, magia o algo especial para explicar y acercarnos cada semana a la pasión del cine de nuestra tierra. Todo eso lo tiene ella porque la conozco y estoy seguro que conseguirá hacernos participes de su proyecto de vida a 24 fotogramas por segundos.
Nace CineAndCine en Canal Sur. Felicidades amiga.

 

jueves, 27 de septiembre de 2012

Distancias vitales

La lluvia resbala tranquila por los cristales. Es como un llanto de olor a tierra húmeda que te transporta a otros mundos deseados. Cierro los ojos y recuerdo nuestro último encuentro, ese beso robado que tantos días llevo saboreando con el desconcierto que generan las cosas lejanas. Ojalá estuvieses cerca, ojalá hubiese podido estrecharte entre los brazos en estas últimas horas de agonía y malas noticias.
 
Son lazos, sentimientos, atracciones sin necesidad de explicación. Sigo necesitando vivir con esos recuerdos por culpa de la distancia. Un veneno que separa y une a partes iguales. Te necesito y siempre te espero. Estamos juntos en esto y en todo lo que desees porque yo deseo estar contigo.
 
Descuento las horas que quedan para poder desahogar mi vida en tu pecho, entre tus brazos. A todo esto me recuerda la lluvia nocturna y otoñal que resbala por los cristales.
 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Tratamiento

El placer de escuchar carnaval de madrugada. Saber que cada nota desgarra el aire tranquilo de la noche. Saborearlo como el sorbo de cualquier botella polvorienta. Descubrir matices que jamás percibí. Revalorar mi pasión. Recordar aquellos tiempos de cintas, de grabaciones, de ensayos, de radio y de abuelos que guiaban sin saberlo mis pasos hacia un deseo siempre esperado. Indescriptible pero tan cierto como mi vida. No sabría vivir sin escuchar carnaval, y mucho menos en días como hoy en los que la tristeza y el desanimo se apoderan de mis horas.
 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

El valor del cariño

Me ha encantado y por eso se lo pido prestado a mis amigos de Café Blissett.
 
Antes de fútbol, es pelota, antes de ser atletismo, es echar una carrera, y antes de ser ciclismo, es montar en bici.
 
Jugar es algo innato en nosotros, pero el deporte es un descubrimiento que alguien tiene que ayudarnos a hacer obligatoriamente.
 
No podemos descubrir por nosotros mismos, de chicos, toda la majestuosidad que encierra una pelota más allá de observar su inexplicable comportamiento y fantasear con, algún día, golpearla muy fuerte.
 
Debe haber alguien que nos explique toda la filosofía de ese juego, sin prisas, de una forma paciente y cariñosa. Alguien que nos anime, que nos lleve y nos traiga, que nos haga tocar la hierba por primera vez y nos compre lo necesario, y lo totalmente innecesario, que nos dé consejos y nos haga sentir su apoyo incondicional.
 
Muchos recordamos con nostalgia nuestra primera pelota. Aquellos campos con un par de camisetas fingiendo ser postes y la altura de uno como único larguero. Las pachangas con los amigos. El primer gol. Pedirse ser tal o cual jugador. Soñar con jugadas imposibles…
 
Después nos hacemos mayores y descartamos nuestra bici carcomida por el óxido y dejamos deshincharse nuestro balón debajo de la cama. Dejamos de jugar y buscamos la felicidad en otras cosas y otras personas.
 
Olvidamos que un día alguien se esforzó por hacernos realmente felices…
 
Gracias, abuelos.

Escena: “Bienvenidos a Belleville” de Sylvain Chomet (2003).